Historia del daiquiri (o daikiri)

A principios del siglo XX, el ingeniero Pagliuchi, capitán del ejercito libertador cubano, una vez concluida la guerra de independencia de su país, consiguió capital estadounidense para reactivar una viejas minas de cobre, situadas cerca de Santiago de Cuba, de las cuales era su director.
Es por ello que en una ocasión fue de visita a una mina llamada Daiquirí, en el Oriente del país, para entrevistarse con el ingeniero americano Jennings Cox.

Después de terminada la jornada de trabajo el cubano sugirió tomar algo pero en la despensa del americano no había nada más que ron, limón, azúcar de caña y hielo. Como les pareció suficiente para un brindis lo mezclaron y batieron y así obtuvieron el nuevo cóctel.
Pagliuchi pregunto: “¿Cómo llamaremos a este coctel?”
“Rum Sour” -contestó Cox, emparentándolo con el whisky sour estadounidense que se hace con whisky, azúcar, limón, hielo.

Pagliuchi retrucó: “Ese nombre es muy largo. ¿Por qué no llamarlo Daiquirí?”daiquiri2

Tiempo después Plagliuchi y Cox fueron para Santiago de Cuba al Bar del Club Americano donde estaban varias personas conocidas y pidieron un Daiquirí. Explicaron cómo se hacía, recomendando batirlo hasta servirlo muy frío. Algunos de los amigos que estaban en el bar les gustó y muy pronto este coctel se hizo popular en Santiago de donde pasó a La Habana, capital de la isla.

Se atribuye a Emilio González, el genial Maragato, cantinero de origen español, el haber traído a la capital cubana la fórmula del coctel, concretamente al Hotel Plaza.

Lo cierto es que quien lo inmortaliza es el cantinero Constantino Ribalaigua Vert, el gran Constante, en El Floridita, la cuna del Daiquirí.
Es Constante quien luego de cuatro versiones llega a la definitiva, la  nombrada Daiquirí Floridita. Es esta la que le da la vuelta al mundo, e identifica al Daiquirí internacionalmente.
Mantener un tiempo de batido exacto y una proporción inviolable de los ingredientes le dan al Daiquirí Floridita su densidad característica, su textura única y su sabor inigualable.

En 1939 el escritor norteamericano Ernest M. Hemingway se hospeda en el Hotel “Ambos Mundos” y es cliente del Floridita durante veinte años, período durante el cual reside en La Habana, lugar donde fallece.

Una mañana, cuenta Antonio Meilán, único sobreviviente de los cantineros de Hemingway, sobrino además de la esposa de Constante, que el escritor entró al bar dirigiéndose directamente al baño.
Cuando salió le llamó poderosamente la atención la bebida que se servía y que todos tomaban.
Se sentó y degustó una y dijo: “está bien, pero lo prefiero sin azúcar y con doble ron”.
Entonces Constante preparó uno a su gusto y se lo sirvió diciéndole: “aquí tiene, papá”, que era como lo llamaban sus amigos cubanos.
Así surgió el coctel que lleva su nombre: Papá Hemingway.

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